domingo, 2 de mayo de 2010

Rectificación

El día 22 de enero de 2010 publiqué en “cosas de Ariño” de la revista digital, que luego se pasó a la de papel, un relato titulado “Uno sobre campanas”, en el que describía un accidente de Tomás Jiménez, que era su caída desde el campanario de la torre hasta el tejado de la iglesia, seguido de uno de los comentarios y conclusiones que suelo hacer al final de mis escritos.
Un familiar muy cercano de Tomás, el día 25 de abril, me indicó que el accidente no sucedió como yo lo relaté, principalmente porque, aunque tuvo lugar en el tejado de la iglesia, no se produjo la caída desde la torre. El indicado familiar se mostró molesto por ver escritas las cosas en forma diferente a como sucedieron, malestar que, poniéndome en su lugar, entiendo perfectamente.
Le aseguré que publicaría una rectificación, que es lo que estoy haciendo, y procedería al borrado de la parte del artículo en Entabán digital lo antes posible, y ya se ha realizado.
En disculpa para mí hay que decir que no es raro que las noticias circulen, en el momento de producirse los hechos, deformadas y, por otra parte, cuando oí en la calle la de este accidente tenía yo muy pocos años y no estaba suficientemente precavido para filtrar las informaciones incorrectas.
En lo que llevo escrito en Entaban, que ya son muchos artículos, principalmente con un espíritu participativo y por si puede servir de distracción y utilidad a los lectores, no encontrareis ningún falseamiento de la verdad ya que digo las cosas tal como creo que son; sin embargo puede ocurrir que algo no sea cierto, es decir que no haya sucedido tal como se relata, porque, a pesar de que intento contrastar las informaciones, a veces la realidad no vista en primera persona, sino oída, es escurridiza y es posible cometer, al relatarla, errores involuntarios.
Insisto de nuevo en que lamento que mi relato no se haya correspondido en este caso exactamente con la realidad, y deseo que los problemas causados hayan sido mínimos.

2 comentarios:

Salva dijo...

Salvador, después de irte leyendo todo lo que has ido publicando,no puedo por menos que sorprenderme, según explicas, que la persona que pidió rectificación de tu escrito pudiera sentirse molesta por lo que y como lo contaste. No puedo entender ese malestar. En fin, quizá quiso ocupar un poco de protagonismo junto con el pobre accidentado y acudió a ti para ello. Es así que ahora lo pudo obtener.
Tenía que manifestarlo..., y aunque en otros escritos tuyos no lo haga, te sigo con verdadero interés cada crónica que nos dejas plasmada.
Mi abrazo.
Salva

Salvador Macipe dijo...

Mi buen amigo Salva, me alegro de tener noticias tuyas, y de que tomes partido por mí en este pequeño incidente, pero hay que decir, en honor a la verdad, que el reclamante tenía razón, ya que a mí tampoco me gustaría ver algo que conozco bien, escrito con inexactitud, aunque esta fuera involuntaria, y más tratándose de algo relativo a alguien de mi familia. Por otra parte la rectificación no me la exigió él, sino que fue iniciativa mía. Creo que no vale la pena darle más trascendencia a este tema que por otra parte es algo inevitable antes o después para los que tenemos la osadía de escribir en una revista para el público en general, porque, como se suele decir, “el mejor escribano hace un borrón”; así que no le faltarán a quien escriba sin ser este su oficio, que es mi caso.
Como siempre digo, “no hay mal que por bien no venga”, ya que por tu comentario veo que sigues en forma, y tu silencio me tenía preocupado y echando en falta alguna de tus magníficas prosas y poesías, que me dejaron tan gratos recuerdos.
Gracias, Salva, de nuevo, y un fuerte abrazo.